Primer Seminario de aproximaciones al arte LGBTTTIQ




Mucha gente disfruta decir que en realidad no existe la comunidad LGBT; que es una construcción teórica, una ficción. Parece ser una manera sencilla de comentar la falta de unidad o la inexistencia de un discurso consensuado. Esta observación es ya un lugar común, tanto que al presentarse se da por entendido que la mayoría de los oyentes estará de acuerdo. Lo mismo pudo presenciarse en un par de ocasiones dentro del 1er Seminario de aproximaciones al arte LGBTTTIQ: Gestión, Producción y Divulgación, que se llevó a cabo recientemente en la Ciudad de México por parte de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).

“Las personas LGBT estamos en todos los espacios y clases sociales, no puede llamársele comunidad a eso” dicen unos. “Así como los heterosexuales no son iguales por su orientación sexual, tampoco los gays debemos definirnos por esa característica” comentan otros. Y si es ese el caso, que ni siquiera existe la comunidad, ¿habría siquiera forma de proponer la existencia de un arte LGBT?

Utilizo este término en su versión abreviada, LGBT, de manera consciente. Fue particularmente interesante para mí notar que prácticamente ninguna persona, de cualquier lado de las mesas, era capaz de pronunciar el acrónimo completo sin incluir un dejo de hilaridad, desconocimiento, incomprensión, o cualquier otro subtexto referenciando lo ‘ridículo’ de la longitud a la que ha llegado el mismo: LGBTTTIQ. La única persona que lo mencionó sin reparar en el mismo era metódica en su acercamiento. Este tema es importante ya que toca la idea anterior de comunidad, y del arte LGBT, desde otro ángulo. ¿Cómo podríamos argumentar la existencia de un arte y una comunidad si ni siquiera somos capaces de llamarnos por nuestro propio nombre? Y ya en un punto tangencial, ¿Cómo podríamos pedir a los demás que utilicen este nombre correctamente?

Frente a este contexto contradictorio es que se hace presente el seminario, enarbolando el concepto del arte LGBTTTIQ. Su éxito: ser contundente al confirmar, no sólo la existencia de este arte, sino también su relevancia. Esto gracias a que fue diseñado de manera integral, mostrando poco a poco a través de los distintos conversatorios y ponencias la gran variedad de expresiones artísticas que pueden encontrarse bajo este nombre, al igual que su antecedente histórico, y también el pensamiento y actuar enfocado de los creadores, gestores y difusores que se reconocen como LGBT.

Como parte del seminario tuvieron lugar dos hechos que me parecen cruciales al respecto de esta reflexión:

El primero, la defensa apasionada y sin titubeo del arte LGBT por parte de Salvador Irys Gómez en la actividad inicial. Al ser la apertura del seminario esto marcó una claridad muy importante para mantener el rumbo discursivo, de cara al resto de la programación, y evitar así la ambigüedad y tibieza que puede llegar a generar un debate sobre la existencia misma del concepto a tratar.

En segundo caso, la experiencia que vivimos como participantes foráneos tanto dentro de las actividades como en los espacios fuera del evento. Fue notoria la facilidad con la que surgió la convivencia y lo especial que fue la oportunidad de tener un acercamiento entre personas que comparten a la vez la sensibilidad artística y la experiencia personal de saberse parte de la diversidad sexual. Este encuentro fue altamente valioso y sirvió para al mismo tiempo evidenciar y romper con el aislamiento existente dentro del país.

La forma tan fluida en que se generó una gran unión entre todos los participantes del seminario demostró en la práctica que sí es posible llamarse comunidad y que sí existe el arte LGBT; porque recupera las vivencias, problemáticas, entendimientos y aspiraciones únicas a este grupo de personas.

Es un error destacar las diferencias en un grupo como argumento para negar lo que sí existe en común. El arte, como pudo verse, es una herramienta que nos da claridad en ese punto. No importa si uno decide plantarse en el mundo desde el artivismo de Chispillatronik, lo comercial de Noel Cruz, o incluso si niega su relación con el arte sexo-diverso como lo hace Darío Mijangos; en todos los casos significa aportar y construir en conjunto qué es lo que define al arte desde y para la población LGBT y su forma única de mirar la vida.



* Imagen tomada de Seminario de Arte LGBTTTIQ.

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